(Jörg Zink)
Un sentimiento es como un niño,
que en nosotros vive, llora y rie,
tiene hambre y quiere hacerse notar.
A quien insiste en decirle a su sentimiento:
“Calla, ahora no tengo tiempo para tí”,
su niño interior se le sentará un día
en un rincón olvidado y se afligirá,
enfermará y languidecerá.
A los sentimientos hay que tratarlos
como se trata un niño.
Se le mira con cariño y atención.
Se le escucha su queja,
se sufre con él cuando sufre.
Pues los sentimientos son las fuerzas más vivas
que hay en nosotros,
y ninguna otra fuerza presente en nosotros
genera tanta vida.
Un niño tambien tiene deseos,
legitimos, buenos, hermosos,
que no se pueden cumplir.
Entonces lo tomamos del brazo
y nos entristecemos con él.
Pero no lo despachamos.
Un niño puede entender
que no puede tenerlo todo.
Pero hay que amarle,
darle valor y alegría,
y espacio para mover sus fuerzas.
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